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| La imagen del dedo de Ramón quedará grabada en la historia de los Boca-River. |
No se veían en un superclásico desde aquel Clausura 2002 cuando Rojas decidió cerrar la goleada con una vaselina que
quedaría en la historia. Habían pasado poco más de 10 años. Demasiado tiempo
para todos. Pero estaba escrito que el día llegaría. El reencuentro fue el
primer domingo de mayo de 2013, en otro duelo de más palabras que fútbol. El
reciente cara a cara entre Boca y River
ofreció un nuevo capítulo entre Ramón y el conjunto xeneize.
Esta vez, en una Bombonera dispuesta a escarbar en esa herida que River todavía
no acabó de cicatrizar. Y el riojano, siempre preparado para la réplica, jugó su
partido. Literalmente. Fue el día del dedo. Y de las manos de
Ramón.

