jueves, 25 de abril de 2013

Para darle la razón a Gary



El Bayern, tras la goleada histórica ante el Barça, puso un pie y medio en la gran final de Wembley.



El Borussia celebra su gran triunfo ante el Real Madrid. A sólo un paso de verse las caras con su par alemán.



"El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, que juegan once contra once, y donde siempre gana Alemania”. La frase, que aún perdura en el tiempo, es de Gary Lineker, mítico delantero inglés consagrado como máximo goleador del Mundial de México 86. La manifestó tras la eliminación de su Selección en las semifinales de Italia 90, rendido por aquel entonces al espíritu competitivo de los germanos, expertos históricamente en resolver a su favor instancias decisivas. Casualmente, el dicho podría utilizarse también por estas horas tras la ida de las semifinales de la Champions League, donde el Bayern Múnich y el Borussia Dortmund pasearon al Barcelona y al Real Madrid respectivamente. De manera literal. Sin exageraciones. No sólo haciendo honor a la célebre reflexión del futbolista de Leicester sino además desplegando un fútbol de alto voltaje. Ambos jugaron para darle la razón a Gary.
Más allá de cómo acabe la historia, la producción de los alemanes resultó un golpe en la mesa profundo que invita a pensar sobre la hegemonía del fútbol en Europa. A la ilusionante y deseada final española se antepuso una más que probable definición germana con todas las de la ley. La abrumadora superioridad de los bávaros sobre Barça y Madrid fue tan digna de disfrute para el hincha común como de un necesario ejercicio de reflexión para los analistas que definen al campeonato ibérico como “La Liga de las Estrellas”.



Robben, quien anotó el tercer tanto, es una pieza clave para el Bayern.



En el Allianz Arena, todas las sensaciones que se venían gestando en el último tiempo en torno al juego del Barcelona acabaron concretándose en todo su esplendor. Sucedió de una manera cruel: en primer lugar por la goleada, que pudo ser aún mayor, y en segundo término por el contexto, frente a los ojos del mundo. El 4 a 0 del Bayern resumió lo que pudo pasar y no pasó con el Barça en San Siro y en París. Los alemanes, especialistas en sacar a relucir miserias ajenas, fueron fieles a su idiosincrasia y, esta vez, no hicieron la excepción.
El papel del Barcelona fue claro desde el comienzo. El del Bayern, también. Mientras los de Tito jugaron a mantener la posesión para que pasen los minutos en pos de no ser atacados, los de Heynckes hicieron todo lo contrario: cada vez que pudieron, explotaron las debilidades del Barça, camufladas por la resaca de aquel que alguna vez fue, aunque notorias en las últimas grandes citas. Y los pupilos de Jupp ejecutaron su plan sin piedad incluso minimizando al Barça por completo.
Desde el comienzo se vio a un Bayern decidido no sólo a ganar el partido sino a pasar la eliminatoria, como si no hubiera partido de vuelta, determinación que, entre otras cuestiones, refleja su hambre por el título que se le escapó, en idéntico escenario, la temporada pasada en la final frente al Chelsea.
La parada de Valdés sobre Robben en el minuto 2 fue un aviso para los catalanes y un augurio para los bávaros. La supremacía del Bayern se fue consumando a medida que descubrían que enfrente no estaba el mejor Barça de la historia sino un Barça terrenal, más bloqueado que nunca, impotente ante cada intento de plasmar su juego, circunstancia agravada, además, por el nulo aporte de un Messi ausente con aviso.
Leo evidenció que el alta médica y el alta competitiva no van de la mano sino que están separadas por imprescindibles y necesarias semanas de transición, sobre todo en estas instancias. La euforia de su minuto mágico ante el PSG acabó trastocando el sentido común de un equipo cuyo lema, en estos 5 años de ensueño, se basó justamente en la coherencia y la importancia de las partes en función del todo. Con su cuerpo en el campo pero su cabeza en otra parte, el astro argentino fue el fiel rostro de este Barça, de la misma manera que viene siéndolo desde que su función en el equipo abarca labores más amplias. El Barça de hoy, a falta del mejor Xavi, parece enfocarse sólo en lo que pueda ofrecer Messi, para lo bueno y para lo malo.
El Bayern, en cambio, está dotado de muchas y buenas variantes: presión sofocante, dominio del espacio y las transiciones y criteriosa posesión del balón cuando la situación lo requiere. Si el Barça utiliza a Pedro y Alexis para dificultar las proyecciones de Alaba y Lahm, entonces aparece el juego aéreo, a través del cual los alemanes también consiguen hacer daño y por el que el Barça sufre demasiado. Más todavía sin la presencia de un futbolista como Puyol, clave en esta faceta. Así llegó el tanto inicial de Müller, casi calcado al segundo, obra de Mario Gómez.
La tibia reacción del Barça con el 2-0 fue apenas un espejismo. Los de Vilanova jamás estuvieron cerca de meterse en el partido. En ningún momento alcanzaron a competir como lo pedía la cita. Y el Bayern se aprovechó de semejante obsequio. Sin disimulo, sin complejos. Así fue como llegaron el tercero de Robben (previa falta a Alba) y el cuarto, con la firma del propio Müller. A esa altura, cualquier gol que hubiese aumentado el marcador se habría considerado justo.
En definitiva, la eliminatoria queda prácticamente sentenciada no sólo por el resultado. El Bayern eligió el mejor día para postularse como candidato a la corona ante un Barça inofensivo, como ya se mostró en citas anteriores, aunque en esta ocasión reducido a la máxima expresión, casi ridiculizado al extremo por un rival especialmente creado para ello.



Lewandowski se perfila como el hombre de la eliminatoria. Nada menos que cuatro goles al Madrid. Tremendo.



Veinticuatro horas más tarde, en el Signal Iduna Park, se dio otro encuentro similar. Por la propuesta, el resultado y las formas. Y también por la repercusión generada en torno a ello. El Borussia, en estado de efervesencia del minuto 1 al 90, pasó por encima de un Real Madrid atascado en su plan favorito, el de explotar los espacios que le otorgan sus oponentes.
El conjunto de Klopp superó al de Mourinho en todo momento. El entrenador que arribó a Dortmund en 2008 proveniente del Mainz 05 está viviendo su etapa dulce al frente de un Borussia que construyó poco a poco. Tras obtener un 6º puesto el primer año y un 5º el segundo, logró el reinado con dos Bundesligas consecutivas durante las temporadas siguientes, en una de las cuales se hizo también con la Copa de Alemania. El presente curso es el del salto de calidad en Europa, donde está a un paso de la gran final de Wembley.
Si bien en el fútbol nada debe darse por sentenciado de antemano, el primer paso fue clave. El Borussia le dio al Madrid de su propia medicina: sin el balón en su poder le cerró todos los pasillos posibles. Con él, en cambio, le impuso un ritmo altísimo que jamás lograron contrarrestar. La conexión Gündogan-Reus-Götze se tradujo en un circuito cuyo factor diferencial radicó en la versatilidad de sus integrantes: los hombres en cuestión aportaron calidad y verticalidad al servicio de Lewandowski, quien tuvo la noche de su vida tras anotar los 4 goles de su equipo. El delantero polaco, él solo, ofreció un recital de cómo complicar con pocos movimientos y acertadas decisiones a una defensa entera. Brutal.
Además de la elevada producción en el juego, el Borussia también marcó el camino a nivel emocional. El gol de Cristiano, producto de un grave error de Hummels al intentar ceder el balón al portero Weidenfeller, cerca del descanso y precedido por un posible penal no pitado, no mermaron el ánimo de un equipo que salió en la segunda parte a comerse al Real Madrid. El 2-1, en el minuto 50, fue una muestra fehaciente de ello. A partir de ahí, la lección táctica de Jürgen a Mou se acentuó con el show de Lewandowski y con el reflejo de un Madrid superado y desquiciado, que sólo se sintió cómodo en dos momentos puntuales y por poco tiempo: tras el empate y cuando se vio obligado a ir por un gol más sobre el final. Pero resultó escaso ante un rival con semejante volumen.
Nunca es aconsejable adelantarse a los hechos, y menos con el Barcelona y el Real Madrid en medio. Pero tras los partidos de ida, queda la sensación que si los equipos alemanes logran acercarse al rendimiento que mostraron esta semana, se verán las caras en la final de Wembley, cita a la que seguramente asista Gary, quien curiosamente volvió a aparecer en escena vía twitter (@GaryLineker) alabando el poderío germano como hace 23 años. A esta altura, no hace falta aclarar cuál fue su pronóstico.



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